Dios: brisa suave de primavera

     En el mundo, en este momento, están soplando de nuevo vientos de guerra… que no podemos ignorar… Una vez más, el poder, las intolerancias entre culturas y religiones y las diferencias en lucha causan lágrimas y ocasionan la muerte.
     Aquí, acompañadas por el Espíritu, las diferencias en diálogo se convierten en riqueza y las culturas, los idiomas y los mundos que llevamos dentro, coloran con miles de matices nuestro estar juntas, nuestra oración y, ciertamente, incidirán también sobre nuestro futuro.
Con la delicadeza del Japón y sus origami, ayer hemos concluido el día orando por la paz y por los pueblos.
     Con la dulzura del canto de las hermanas coreanas, al inicio del día, hemos dejado resonar con el salmo 8, la certeza de estar en las manos de Dios, cual criaturas amadas.
Con los colores fuertes del amor y de la pasión, re-propuestos por las hermanas colombianas, hemos hecho resonar durante la celebración eucarística los nombres de muchos mártires que en todo el mundo ¡han creído y han hablado con la vida!
     Estos son sólo pocos ejemplos que hoy deseamos compartir, para que entre los vientos de tempestad, cada uno de nosotros puedan hacer resonar la voz de Dios, que es brisa suave de primavera.
     A partir de hoy para nosotras, dos importantes novedades. Está con nosotras el Padre José Maria Arnaiz, sacerdote marianista. Con él entraremos en el corazón del instrumento de trabajo, que precisamente en la mañana hemos votado como texto base para los trabajos capitulares; texto a partir del cual nos confrontaremos para transformar las palabras, las ideas, el espíritu y las opciones en vida concreta, para los próximos seis años de nuestra Congregación.

Ariccia, 29 de agosto de 2013

 


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